Prótesis, relatos y espacios de posibilidad
Antes de abrir la primera página de La melancolía del ciborg
Les doy la bienvenida de nuevo. Este bimestre leemos La melancolía del ciborg, de Fernando Broncano, publicado por Herder en 2009. Antes de entrar, comparto algunas claves de lectura.
Broncano nació en Linares de Riofrío, Salamanca, en 1954. Es filósofo de la ciencia y da clases en la Universidad Carlos III, en la UNAM y en la Universidad del País Vasco. No viene del ensayo especulativo ni de la literatura, como Barragán. Viene de la academia dura, de pensar cómo se construye el conocimiento científico. Donde Barragán narraba la mezcla entre especies con cuentos, Broncano la piensa con conceptos. El punto de partida es el mismo, algo se ha alojado dentro de lo humano.
Conviene entender de dónde viene la palabra ciborg antes de seguir. El diccionario de la Academia lo define como un ser formado por materia viva y dispositivos electrónicos. Para Broncano no somos ciborgs porque llevemos marcapasos o audífonos, sino porque toda nuestra vida está hecha de prótesis, entendidas en un sentido amplio. La escritura es una prótesis. La imprenta es una prótesis. Los mapas son prótesis. Cada una de ellas extendió algo que el cuerpo humano no podía hacer solo y, al hacerlo, cambió la manera en que habitamos el mundo. El libro afirma que siempre fuimos ciborgs. Ya lo éramos cuando nos crearon del barro, según el mito, y lo seguimos siendo cuando nos crean los electrones que cruzan un semiconductor.
Ahora bien, toda prótesis molesta antes de integrarse. Los zapatos nuevos incomodan hasta que el cuerpo los asimila como propios. Broncano usa esa molestia para explicar el título del libro. La melancolía del ciborg no es una enfermedad ni una tristeza sin causa. Es lo que queda cuando una prótesis todavía no termina de reabsorberse, cuando el cuerpo y sus hábitos no han encontrado todavía el nuevo lugar en el que acomodarse. El ciborg vive desarraigado de un mundo al que ya no puede volver, y esa distancia se le convierte en identidad.
Hay una figura que Broncano usa para explicar esto, Moisés. Cruza el desierto huyendo del pasado, pero no le está permitida la entrada a la tierra prometida. Esa es, para Broncano, la condición moderna, y también la del ciborg. Vivir en tránsito permanente, sin poder volver atrás y sin llegar del todo a ningún destino. El espacio del ciborg se define con palabras como frontera, peregrinaje, nomadismo y son la forma concreta en que Broncano describe un modo de existir.
Por otro lado, el libro plantea una pregunta que puede orientar toda la lectura. ¿La melancolía del ciborg viene de haber perdido su condición natural original, o viene de otra cosa? Broncano responde que no hay tal pérdida porque nunca hubo tal paraíso original. Lo que hay es conciencia de límites nuevos, ampliados por las prótesis, que nos llevan a lugares que la sola imaginación humana no puede sintetizar todavía. Esa conciencia de límite, dice Broncano, no es desencanto. Es una forma de sabiduría, un estado de hiperconciencia.
El libro dedica también varias páginas a las imágenes. El ciborg vive entre imágenes tanto como entre palabras y cosas, y termina deseando ser una de ellas. Ahí Broncano ubica el origen de dos posturas que considera igual de limitadas, la idolatría, que convierte las imágenes en dogma, y la iconoclasia, que las convierte en caricatura. Ambas comparten, según él, la misma dificultad de fondo, no saber qué hacer con las imágenes del otro.
Si quieren un contraste útil para leer el libro, hay un artículo de Pablo Chacón que pone al ciborg junto a otra figura contemporánea, el zombi. Chacón retoma la idea de Broncano de que el ciborg fue la figura dominante de los años ochenta, mientras que el zombi domina el imaginario actual. El zombi sería lo que queda de lo humano cuando se le retira toda cultura, puro cuerpo deseante sin contenido. Pensar por qué una figura reemplazó a la otra en el imaginario colectivo puede ser una buena pregunta para la sesión.
En el libro también se encontrarán con un poema de Jorge Riechmann que Broncano cita completo. Habla de no dejar nunca de desconfiar de las instituciones y no dejar nunca de confiar en las personas. Léanlo despacio. Es la queja de un ciborg melancólico, y resume bastante bien el tono de todo el libro, una desconfianza que no cae en el cinismo y una confianza que no cae en la ingenuidad.
Por último, un dato que puede servir. Broncano escribió después otro libro, Sujetos en la niebla, que retoma varias de estas preguntas desde otro ángulo, ya no el de los artefactos sino el de las narrativas de identidad. No hace falta leerlo para entender La melancolía del ciborg, pero está bien saber que la pregunta no se cierra aquí.
Lean con calma. Relfexionen en qué momentos el libro les suena a descripción de su propia vida con el celular, con las redes, con cualquier técnica que ya dejaron de notar porque se les han integrado totalmente. Esas anotaciones van a ser el mejor material para la conversación.
¡Nos vemos en el futuro!


