<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0"><channel><title><![CDATA[Traficante de ideas]]></title><description><![CDATA[Laboratorio de lectura para imaginar otros futuros]]></description><link>https://www.traficantedeideas.club</link><image><url>https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!WCxU!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F040f80bc-457a-4235-acba-b102b4d8127b_1200x1200.png</url><title>Traficante de ideas</title><link>https://www.traficantedeideas.club</link></image><generator>Substack</generator><lastBuildDate>Wed, 30 Sep 2026 22:24:32 GMT</lastBuildDate><atom:link href="https://www.traficantedeideas.club/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/><copyright><![CDATA[Traficante de ideas]]></copyright><language><![CDATA[es]]></language><webMaster><![CDATA[traficantedeideas@substack.com]]></webMaster><itunes:owner><itunes:email><![CDATA[traficantedeideas@substack.com]]></itunes:email><itunes:name><![CDATA[Fernanda Rocha]]></itunes:name></itunes:owner><itunes:author><![CDATA[Fernanda Rocha]]></itunes:author><googleplay:owner><![CDATA[traficantedeideas@substack.com]]></googleplay:owner><googleplay:email><![CDATA[traficantedeideas@substack.com]]></googleplay:email><googleplay:author><![CDATA[Fernanda Rocha]]></googleplay:author><itunes:block><![CDATA[Yes]]></itunes:block><item><title><![CDATA[La melancolía del ciborg]]></title><description><![CDATA[Somos seres de frontera, constituidos por la mezcla, sin una categor&#237;a definida en la que inscribirnos.]]></description><link>https://www.traficantedeideas.club/p/la-melancolia-del-ciborg</link><guid isPermaLink="false">https://www.traficantedeideas.club/p/la-melancolia-del-ciborg</guid><dc:creator><![CDATA[Fernanda Rocha]]></dc:creator><pubDate>Fri, 11 Sep 2026 16:32:06 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/1d5c44c1-95df-4d92-b5b1-ee4769cb8dad_1200x630.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Fernando Broncano empieza <em><span>La melancol&#237;a del ciborg</span></em> con una talla de madera. En una iglesia del siglo XVI de Ayamonte, un escultor anarquista llamado Le&#243;n Ortega esculpi&#243; un Cristo en el momento exacto de la muerte. Los m&#250;sculos ya se relajan. El cuerpo cae en algo que parece un abrazo cortado por clavos. Broncano lo interpreta como una versi&#243;n oscura de Pigmali&#243;n. Alguien intenta dar vida a un tronco de cedro para que la imagen deje de ser imagen y pase a existir por s&#237; misma. Esta escena inicial introduce la tesis central del libro: la condici&#243;n humana es la de seres constituidos por la intervenci&#243;n y el trabajo de otros, construidos a partir de elementos y materiales que no elegimos. As&#237;, Broncano plantea que, al igual que Galatea, todos somos producto de una construcci&#243;n ajena y que nuestra identidad depende de las pr&#243;tesis, los s&#237;mbolos y las mediaciones culturales que nos componen.</p><p>En la lectura reciente de Luis Carlos Barrag&#225;n, se advierte una convergencia con Broncano en torno a la figura del ciborg. Ambos desmontan la noci&#243;n del sujeto moderno y abordan cuerpos que han dejado de ser una unidad cerrada, aunque sus trayectorias divergen de manera significativa. Esta divergencia resulta fundamental para comprender la propuesta de Broncano, quien sostiene que la identidad humana se configura a partir de elementos ajenos y de mediaciones t&#233;cnicas o culturales. Barrag&#225;n parte de la carne: su ciborg es un cuerpo parasitado, contaminado e invadido por agentes externos, ya sean insectos, drogas o memorias ajenas. La operaci&#243;n es biol&#243;gica, a menudo grotesca, como si el cuerpo fuera una morada infestada. La experiencia se asemeja a descubrir hormigas en la comida o a la extra&#241;eza de una fiebre que nos distancia de nuestro propio cuerpo. Broncano, en contraste, parte de la t&#233;cnica. Su ciborg no es invadido, sino potenciado. Las pr&#243;tesis que lo constituyen no son intrusos, sino objetos cotidianos: lentes, escritura, vivienda, mapas, lengua. As&#237;, mientras Barrag&#225;n introduce la infecci&#243;n, Broncano dota de equipamiento. En esta diferencia se revela c&#243;mo la constituci&#243;n del sujeto ciborg depende de los mecanismos, biol&#243;gicos o t&#233;cnicos, que lo transforman. Ambos autores diluyen la frontera entre lo humano y lo no humano: uno lo hace desde el interior, impulsado por una biolog&#237;a desbordante; el otro, desde el exterior, mediante la incorporaci&#243;n de artefactos que ampl&#237;an las posibilidades del cuerpo. Esta condici&#243;n h&#237;brida se sit&#250;a en el n&#250;cleo de la obra de Broncano.</p><p>La cuesti&#243;n que articula esta primera secci&#243;n del libro es precisa: &#191;qu&#233; ocurre con un ser constituido por pr&#243;tesis? La respuesta que ofrece Broncano se aleja del optimismo, en consonancia con la tradici&#243;n de la filosof&#237;a de la t&#233;cnica.</p><p>Es necesario precisar el concepto de pr&#243;tesis, pues Broncano lo emplea en un sentido m&#225;s amplio que el habitual. No se refiere &#250;nicamente a dispositivos como marcapasos, lentes o articulaciones artificiales. Incluye tanto las pr&#243;tesis que sustituyen funciones da&#241;adas como aquellas que inauguran funciones in&#233;ditas, que no reparan sino que instauran posibilidades antes inexistentes. El vestido, la cocina, los animales dom&#233;sticos, las instituciones, los rituales, el arte: todos estos son ejemplos de pr&#243;tesis. Pero son las pr&#243;tesis culturales las que ocupan un lugar central en su an&#225;lisis. La lengua, considerada por Broncano como la primera y la m&#225;s fundamental, da inicio a una transformaci&#243;n radical. Escritura, matem&#225;tica, m&#250;sica, im&#225;genes cinematogr&#225;ficas y pantallas no solo modificaron nuestra manera de estar en el mundo; tambi&#233;n alteraron nuestra manera de ser. As&#237;, para Broncano, el ciborg no es quien porta un implante met&#225;lico, sino quien ha aprendido a leer.</p><p>Toda pr&#243;tesis, en sus primeras etapas, produce incomodidad. Broncano recurre a un ejemplo cotidiano: los zapatos nuevos. Generan una sensaci&#243;n de extra&#241;eza, como si una parte del cuerpo dejara de pertenecernos por completo. Esta incomodidad persiste hasta que la pr&#243;tesis se integra y se convierte en un h&#225;bito, en parte del propio cuerpo. Con el tiempo, caminamos sin advertir su presencia. Lo mismo sucede con la escritura, el tel&#233;fono o cualquier t&#233;cnica que, al inicio, irrumpe y luego se naturaliza en nosotros. Sin embargo, esta adaptaci&#243;n implica un costo que no se paga de una sola vez.</p><p>En este punto emerge el t&#233;rmino que da nombre al libro. Las pr&#243;tesis, sostiene Broncano, constituyen una forma de exilio: nos desplazan de nuestro lugar de origen y clausuran la posibilidad de retorno. Ilustra esta idea con una escena reconocible: el regreso al pueblo natal tras a&#241;os de ausencia. Tras los saludos iniciales, se percibe que el lugar ya no nos pertenece. El cine ha cerrado; los rostros de los amigos est&#225;n marcados por el tiempo; la adolescente amada es ahora una madre irreconocible. No solo ha cambiado el entorno; hemos cambiado nosotros. Las posibilidades adquiridas a lo largo del trayecto nos vuelven incapaces de habitar el mundo que dejamos atr&#225;s. El ciborg permanece en su exilio; esa es su condici&#243;n.</p><p>Cabe preguntarse si alguna vez hemos experimentado esa extra&#241;eza, la sensaci&#243;n de no poder habitar un lugar que antes nos era familiar. Quiz&#225; al regresar a la casa de la infancia, al cruzar el umbral de una escuela tras muchos a&#241;os, o al advertir que la lengua materna suena distinta al volver. Son momentos en los que la experiencia, el aprendizaje o incluso un h&#225;bito nuevo transforman nuestra percepci&#243;n del origen y nos sit&#250;an en un exilio &#237;ntimo.</p><p>De este desarraigo surge la melancol&#237;a. Broncano precisa que no se trata de una enfermedad del alma ni de un temperamento triste, sino de una nostalgia por un mundo al que no es posible regresar, porque ya no somos quienes podr&#237;an habitarlo. El ciborg reconoce su extra&#241;eza y la melancol&#237;a que de ella se deriva. Broncano recurre a una figura distinta de la de Ulises, quien retorna a &#205;taca: su ciborg es Mois&#233;s, que, tras cruzar el desierto, no puede entrar en la tierra prometida. Prosigue sin patria ni esperanza de recuperar lo perdido.Un sentimiento inc&#243;modo en nuestro tiempo. Por eso lo trae al presente. Estamos rodeados de un discurso que promete que la t&#233;cnica nos har&#225; m&#225;s libres, m&#225;s capaces, m&#225;s felices. Broncano no lo niega. Las pr&#243;tesis realmente ampl&#237;an lo que podemos hacer y ser. Pero insiste en que esa ampliaci&#243;n tiene un lado que el entusiasmo tecnol&#243;gico prefiere no ver. Cada cosa que ganamos nos aleja un poco m&#225;s de un lugar al que ya no podremos volver. La condici&#243;n t&#233;cnica no es solo poder. Tambi&#233;n es p&#233;rdida y saber que se est&#225; perdiendo.</p><p>Con esta tensi&#243;n se inicia la lectura. En las pr&#243;ximas sesiones se profundizar&#225; en los temas centrales del libro. Broncano transitar&#225; de la pr&#243;tesis a las culturas materiales, examinando c&#243;mo los artefactos, en tanto entidades hist&#243;ricas, inciden de manera decisiva en la vida cotidiana. Se abordar&#225; tambi&#233;n el papel de las im&#225;genes y su capacidad para modelar creencias y construir realidades compartidas. Entre las preguntas que orientar&#225;n la discusi&#243;n figuran: &#191;de qu&#233; modo los objetos y artefactos no solo nos sirven, sino que tambi&#233;n nos transforman? &#191;C&#243;mo inciden las im&#225;genes en la identidad y en la percepci&#243;n del mundo? Todo ello se vincula con lo planteado en las p&#225;ginas iniciales: somos seres de frontera, constituidos por la mezcla, sin una categor&#237;a definida en la que inscribirnos. La cuesti&#243;n que queda abierta es si esta condici&#243;n es &#250;nicamente una herida o si la melancol&#237;a de quien reconoce su car&#225;cter construido tambi&#233;n puede ser una v&#237;a para comprender lo que somos.</p><p>&#161;Nos vemos en el futuro!</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Prótesis, relatos y espacios de posibilidad]]></title><description><![CDATA[Antes de abrir la primera p&#225;gina de La melancol&#237;a del ciborg]]></description><link>https://www.traficantedeideas.club/p/protesis-relatos-y-espacios-de-posibilidad</link><guid isPermaLink="false">https://www.traficantedeideas.club/p/protesis-relatos-y-espacios-de-posibilidad</guid><dc:creator><![CDATA[Fernanda Rocha]]></dc:creator><pubDate>Mon, 10 Aug 2026 19:24:58 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/3b0eb7ea-45bb-4609-ad62-e65a9db8e7ac_1200x630.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Les doy la bienvenida de nuevo. Este bimestre leemos <em>La melancol&#237;a del ciborg</em>, de Fernando Broncano, publicado por Herder en 2009. Antes de entrar, comparto algunas claves de lectura.</p><p>Broncano naci&#243; en Linares de Riofr&#237;o, Salamanca, en 1954. Es fil&#243;sofo de la ciencia y da clases en la Universidad Carlos III, en la UNAM y en la Universidad del Pa&#237;s Vasco. No viene del ensayo especulativo ni de la literatura, como Barrag&#225;n. Viene de la academia dura, de pensar c&#243;mo se construye el conocimiento cient&#237;fico. Donde Barrag&#225;n narraba la mezcla entre especies con cuentos, Broncano la piensa con conceptos. El punto de partida es el mismo, algo se ha alojado dentro de lo humano.</p><p>Conviene entender de d&#243;nde viene la palabra ciborg antes de seguir. El diccionario de la Academia lo define como un ser formado por materia viva y dispositivos electr&#243;nicos. Para Broncano no somos ciborgs porque llevemos marcapasos o aud&#237;fonos, sino porque toda nuestra vida est&#225; hecha de pr&#243;tesis, entendidas en un sentido amplio. La escritura es una pr&#243;tesis. La imprenta es una pr&#243;tesis. Los mapas son pr&#243;tesis. Cada una de ellas extendi&#243; algo que el cuerpo humano no pod&#237;a hacer solo y, al hacerlo, cambi&#243; la manera en que habitamos el mundo. El libro afirma que siempre fuimos ciborgs. Ya lo &#233;ramos cuando nos crearon del barro, seg&#250;n el mito, y lo seguimos siendo cuando nos crean los electrones que cruzan un semiconductor.</p><p>Ahora bien, toda pr&#243;tesis molesta antes de integrarse. Los zapatos nuevos incomodan hasta que el cuerpo los asimila como propios. Broncano usa esa molestia para explicar el t&#237;tulo del libro. La melancol&#237;a del ciborg no es una enfermedad ni una tristeza sin causa. Es lo que queda cuando una pr&#243;tesis todav&#237;a no termina de reabsorberse, cuando el cuerpo y sus h&#225;bitos no han encontrado todav&#237;a el nuevo lugar en el que acomodarse. El ciborg vive desarraigado de un mundo al que ya no puede volver, y esa distancia se le convierte en identidad.</p><p>Hay una figura que Broncano usa para explicar esto, Mois&#233;s. Cruza el desierto huyendo del pasado, pero no le est&#225; permitida la entrada a la tierra prometida. Esa es, para Broncano, la condici&#243;n moderna, y tambi&#233;n la del ciborg. Vivir en tr&#225;nsito permanente, sin poder volver atr&#225;s y sin llegar del todo a ning&#250;n destino. El espacio del ciborg se define con palabras como frontera, peregrinaje, nomadismo y son la forma concreta en que Broncano describe un modo de existir.</p><p>Por otro lado, el libro plantea una pregunta que puede orientar toda la lectura. &#191;La melancol&#237;a del ciborg viene de haber perdido su condici&#243;n natural original, o viene de otra cosa? Broncano responde que no hay tal p&#233;rdida porque nunca hubo tal para&#237;so original. Lo que hay es conciencia de l&#237;mites nuevos, ampliados por las pr&#243;tesis, que nos llevan a lugares que la sola imaginaci&#243;n humana no puede sintetizar todav&#237;a. Esa conciencia de l&#237;mite, dice Broncano, no es desencanto. Es una forma de sabidur&#237;a, un estado de hiperconciencia.</p><p>El libro dedica tambi&#233;n varias p&#225;ginas a las im&#225;genes. El ciborg vive entre im&#225;genes tanto como entre palabras y cosas, y termina deseando ser una de ellas. Ah&#237; Broncano ubica el origen de dos posturas que considera igual de limitadas, la idolatr&#237;a, que convierte las im&#225;genes en dogma, y la iconoclasia, que las convierte en caricatura. Ambas comparten, seg&#250;n &#233;l, la misma dificultad de fondo, no saber qu&#233; hacer con las im&#225;genes del otro.</p><p>Si quieren un contraste &#250;til para leer el libro, hay un <a href="https://revistas.unlp.edu.ar/Estrategias/article/view/2107/0">art&#237;culo</a> de Pablo Chac&#243;n que pone al ciborg junto a otra figura contempor&#225;nea, el zombi. Chac&#243;n retoma la idea de Broncano de que el ciborg fue la figura dominante de los a&#241;os ochenta, mientras que el zombi domina el imaginario actual. El zombi ser&#237;a lo que queda de lo humano cuando se le retira toda cultura, puro cuerpo deseante sin contenido. Pensar por qu&#233; una figura reemplaz&#243; a la otra en el imaginario colectivo puede ser una buena pregunta para la sesi&#243;n.</p><p>En el libro tambi&#233;n se encontrar&#225;n con un poema de Jorge Riechmann que Broncano cita completo. Habla de no dejar nunca de desconfiar de las instituciones y no dejar nunca de confiar en las personas. L&#233;anlo despacio. Es la queja de un ciborg melanc&#243;lico, y resume bastante bien el tono de todo el libro, una desconfianza que no cae en el cinismo y una confianza que no cae en la ingenuidad.</p><p>Por &#250;ltimo, un dato que puede servir. Broncano escribi&#243; despu&#233;s otro libro, <em>Sujetos en la niebla</em>, que retoma varias de estas preguntas desde otro &#225;ngulo, ya no el de los artefactos sino el de las narrativas de identidad. No hace falta leerlo para entender <em>La melancol&#237;a del ciborg</em>, pero est&#225; bien saber que la pregunta no se cierra aqu&#237;.</p><p>Lean con calma. Relfexionen en qu&#233; momentos el libro les suena a descripci&#243;n de su propia vida con el celular, con las redes, con cualquier t&#233;cnica que ya dejaron de notar porque se les han integrado totalmente. Esas anotaciones van a ser el mejor material para la conversaci&#243;n.</p><p>&#161;Nos vemos en el futuro!</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Cuerpos compuestos]]></title><description><![CDATA[Par&#225;sitos perfectos y la crisis del sujeto moderno]]></description><link>https://www.traficantedeideas.club/p/cuerpos-compuestos</link><guid isPermaLink="false">https://www.traficantedeideas.club/p/cuerpos-compuestos</guid><dc:creator><![CDATA[Fernanda Rocha]]></dc:creator><pubDate>Sun, 05 Jul 2026 12:26:29 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/34ab0e34-6ef9-4535-aa27-6c72ab3fa280_1200x630.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Seg&#250;n mi lectura, la cuesti&#243;n central en <em>Par&#225;sitos perfectos</em> no radica en imaginar qu&#233; sucede cuando un cuerpo se fusiona con un insecto, una m&#225;quina, una droga, un par&#225;sito o una memoria ajena. Esa, considero, es apenas la superficie narrativa del problema. El interrogante m&#225;s profundo es qu&#233; ocurre cuando se desmorona la ficci&#243;n de que una persona constituye un l&#237;mite autosuficiente, un principio y un fin en s&#237; misma. En este sentido, el texto permite examinar c&#243;mo la narrativa pone en crisis la idea tradicional de la autonom&#237;a y la pureza del sujeto.</p><p>Esta operaci&#243;n puede leerse en di&#225;logo con la cr&#237;tica foucaultiana del sujeto moderno. Si, como sostiene Michel Foucault, el &#171;individuo&#187; no es un interior soberano sino el efecto de dispositivos de poder-saber que moldean los cuerpos y las conductas, entonces los personajes de <em><span>Par&#225;sitos perfectos</span></em> no pierden una identidad previa al ser parasitados, sino que exponen hasta el extremo su condici&#243;n de superficies atravesadas por fuerzas ajenas: tecnolog&#237;as, sustancias, memorias implantadas. La figura del hu&#233;sped invadido hace visible que la frontera entre lo propio y lo impropio nunca fue estable, sino que fue construida pol&#237;ticamente.</p><p>Algo similar puede pensarse a partir del c&#237;borg de Donna Haraway. El cuerpo contaminado por insectos, m&#225;quinas o drogas funciona como una figura c&#237;borg que desdibuja las oposiciones humano/animal, humano/m&#225;quina e interior/exterior. Lejos de un sujeto org&#225;nico y autosuficiente, lo que la novela presenta es un ensamblaje inestable de organismos, t&#233;cnicas y afectos, una identidad h&#237;brida y relacional. En sinton&#237;a con Haraway, la narraci&#243;n renuncia a la nostalgia de un cuerpo puro y muestra que la mezcla, la contaminaci&#243;n y la interdependencia no son una degradaci&#243;n de la subjetividad, sino su condici&#243;n misma de posibilidad.</p><p>La modernidad construy&#243; la figura del sujeto como una unidad: un individuo separado, racional, due&#241;o de su cuerpo, autor de sus decisiones, propietario de su memoria y responsable de su destino. Esa imagen organiz&#243; no solo instituciones pol&#237;ticas, jur&#237;dicas y morales, sino tambi&#233;n la idea generalizada de que cada quien tendr&#237;a su identidad, su voluntad, su historia y su cuerpo propios. La vida social, en este marco, se concibe como el espacio en el que esas personas interact&#250;an, negocian, compiten, se vinculan o se da&#241;an.</p><p>Sin embargo, esa imagen resulta excesivamente pulcra. Ninguna persona llega al mundo como una unidad cerrada. El pronombre &#171;yo&#187; solo se aprende a trav&#233;s de un lenguaje recibido. La memoria individual se construye siempre en di&#225;logo con relatos, correcciones y silencios ajenos. El cuerpo se sostiene mediante alimentos, bacterias, cuidados, objetos, medicamentos, infraestructuras, afectos y tecnolog&#237;as. Por eso, incluso la intimidad, a menudo considerada el &#250;ltimo reducto de lo propio, est&#225; atravesada por voces externas, normas culturales, deseos aprendidos y temores heredados.</p><p>Barrag&#225;n lleva esta constataci&#243;n al plano f&#237;sico. En <em><span>Par&#225;sitos perfectos</span></em>, el sujeto moderno se descompone porque sus l&#237;mites supuestos resultan insuficientes. El cuerpo deja de garantizar una identidad estable; la memoria ya no asegura una continuidad privada; la autonom&#237;a deja de ser una condici&#243;n natural de la dignidad. Para plasmar estas transformaciones, Barrag&#225;n recurre a la fragmentaci&#243;n del punto de vista, a descripciones sensoriales intensas y a cuerpos h&#237;bridos cuya experiencia interna se presenta de manera ambivalente. Las voces narrativas fluct&#250;an y problematizan las fronteras corporales y subjetivas. As&#237;, la forma humana aparece siempre dependiente de relaciones m&#225;s amplias que las del individuo. El par&#225;sito, la simbiosis, el exoesqueleto, la mutaci&#243;n y la tecnolog&#237;a de la memoria hacen visible aquello que el ideal moderno hab&#237;a relegado al margen.</p><p>La palabra par&#225;sito es significativa porque implica una condena. En el uso cotidiano, designa a quien vive a expensas de otro, pero esa acusaci&#243;n presupone la existencia de vidas autosuficientes. La biolog&#237;a desmiente esa fantas&#237;a: vivir implica intercambios, incorporaciones, p&#233;rdidas y alianzas. El cuerpo humano se compone de dependencias que rara vez se reconocen como tales. Lo que var&#237;a es el juicio moral sobre esas dependencias, es decir, algunas se naturalizan, otras se convierten en motivo de verg&#252;enza.</p><p>Desde este punto, el libro traslada el problema del organismo al &#225;mbito social. &#191;Por qu&#233; ciertas formas de necesidad se aceptan y otras se interpretan como una invasi&#243;n? &#191;Por qu&#233; algunas mezclas se consideran innovaci&#243;n y otras degradaci&#243;n? &#191;Por qu&#233; una pr&#243;tesis puede prolongar la vida, mientras que otra modificaci&#243;n corporal parece excluir a alguien de la categor&#237;a de persona? &#191;Qu&#233; debe conservar un cuerpo para seguir siendo reconocido como humano?</p><p>La noci&#243;n de monstruosidad permite afinar esa pregunta. Durante siglos, las sociedades han recurrido a la figura del monstruo para trazar la frontera entre lo humano y lo no humano. Esta preocupaci&#243;n atraviesa la literatura, donde ejemplos c&#233;lebres como Frankenstein de Mary Shelley exploran el modo en que la creaci&#243;n de un ser considerado artificial e incontrolable revela el temor a lo otro y al cuerpo alterado, mientras que, en Am&#233;rica Latina, textos como Juan Dari&#233;n de Horacio Quiroga o La amortajada de Mar&#237;a Luisa Bombal abordan desde otras perspectivas la figura de lo monstruoso como aquello que se sale de la forma humana aceptada. La etiqueta rara vez se limita a describir una diferencia f&#237;sica o cultural; tambi&#233;n genera distancia moral. Convierte ciertos cuerpos en advertencia, espect&#225;culo, amenaza o anomal&#237;a. La historia de la monstruificaci&#243;n muestra que llamar monstruo a alguien ha servido para justificar exclusiones, jerarqu&#237;as y violencias contra quienes alteran la idea dominante de normalidad.</p><p>En Barrag&#225;n, la mezcla de lo animal, lo t&#233;cnico o lo parasitario reactiva esa historia, pero no para reproducirla. Sus relatos resultan inc&#243;modos porque obligan a examinar el mecanismo que convierte una diferencia corporal en una p&#233;rdida de humanidad. As&#237;, la pregunta se desplaza de la criatura al observador, a la norma que mira y clasifica. Un cuerpo fusionado con otra forma de vida solo resulta monstruoso si se asume que lo humano debe permanecer puro, reconocible y separado. El libro socava esa convicci&#243;n, no precisamente porque todas las mezclas sean deseables, sino porque la pureza nunca ha descrito con honestidad la vida.</p><p>Lo humano siempre ha sido una composici&#243;n. Est&#225; hecho de materia org&#225;nica, h&#225;bitos, lenguaje, imaginaci&#243;n, instituciones, v&#237;nculos, memoria compartida y objetos t&#233;cnicos. Tambi&#233;n de aquello que preferimos no asociar con la identidad: residuos, secreciones, enfermedad, deterioro, vejez, hambre, miedo y dependencia. El sujeto moderno eligi&#243; pensarse desde la conciencia y la voluntad; Barrag&#225;n lo obliga a mirarse desde el cuerpo que supura, recuerda mal, se transforma, necesita, desea y se adhiere.</p><p>Es justo aqu&#237; donde la memoria introduce una nueva fisura. Si el cuerpo deja de ofrecer un l&#237;mite claro, podr&#237;a suponerse que la memoria resguarda el n&#250;cleo de la persona. Se repite con frecuencia que somos nuestros recuerdos. Sin embargo, esa afirmaci&#243;n se tambalea cuando el recuerdo se revela como manipulable, transferible, perdido, editado o vendido. En <em><span>Par&#225;sitos perfectos</span></em>, la memoria no es un archivo soberano del yo, sino materia vulnerable. Puede sostener una vida, pero tambi&#233;n circular fuera de ella; puede repararse, pero tambi&#233;n extraerse; puede prometer continuidad, pero tambi&#233;n desestabilizar la frontera entre la experiencia propia y la ajena.</p><p>De este modo, la pregunta por el sujeto se radicaliza. Si no somos solo cuerpo, porque el cuerpo est&#225; abierto a otros cuerpos y tecnolog&#237;as; si no somos solo memoria, porque la memoria se construye, se pierde y se contamina; si no somos solo relaciones, porque esas relaciones tambi&#233;n pueden utilizarnos, nombrarnos de modo incorrecto o convertirnos en recurso, entonces el sujeto moderno queda desmentido. El sujeto no es una sustancia ni una esencia, sino una continuidad ca&#243;tica entre cuerpo, memoria, lenguaje y reconocimiento.</p><p>Esa continuidad es siempre contingente. Depende de que otros reconozcan que seguimos siendo alguien incluso en la transformaci&#243;n. Depende de que una comunidad mantenga el v&#237;nculo entre lo que fuimos y lo que a&#250;n podemos ser. Depende de que el cuerpo modificado no se reduzca a funci&#243;n, a mercanc&#237;a o a amenaza. Depende de que la memoria compartida no sea saqueada. Depende de que la dependencia no se traduzca autom&#225;ticamente en una p&#233;rdida de dignidad.</p><p>En este punto, la discusi&#243;n contempor&#225;nea sobre las emociones cobra relevancia. La forma en que respondemos a un cuerpo extra&#241;o no resulta evidente de inmediato: el asco, el miedo o la ternura no constituyen pruebas inmediatas de una verdad moral. Las emociones se configuran en la relaci&#243;n entre el cuerpo, la cultura, el lenguaje y el contexto. Lo que una sociedad aprende a sentir ante ciertas formas corporales revela mucho sobre sus normas de humanidad de lo que a veces nos gusta aceptar.</p><p>Leer <em><span>Par&#225;sitos perfectos</span></em> desde esta perspectiva implica desconfiar de la reacci&#243;n inmediata. Si algo genera rechazo, conviene interrogar qu&#233; educaci&#243;n afectiva est&#225; en juego. &#191;Qu&#233; aprendimos a considerar limpio, digno, completo, masculino, femenino, saludable, productivo, humano? &#191;Qu&#233; cuerpos aprendimos a ver como demasiado mezclados, demasiado necesitados, demasiado deformes, demasiado disponibles? As&#237;, la literatura de Barrag&#225;n opera en ese espacio en el que la sensibilidad expone su formaci&#243;n social.</p><p>El libro tambi&#233;n permite examinar otra promesa moderna: la idea de que la &#171;buena vida&#187; coincide con la autonom&#237;a, el bienestar y la elecci&#243;n individual. Muchos personajes de Barrag&#225;n parecen guiados por otra necesidad: preservar el sentido. No necesariamente la felicidad entendida como alivio o satisfacci&#243;n inmediatos, sino una continuidad que les permita ocupar un lugar en el mundo. El sentido suele articular pasado, presente y futuro; depende de v&#237;nculos, valores, reconocimiento y de la capacidad de acci&#243;n.</p><p>Por eso, algunas transformaciones en el libro no pueden leerse &#250;nicamente como una p&#233;rdida. Un cuerpo puede sufrir y, sin embargo, encontrar una pertenencia antes inexistente. Una alteraci&#243;n puede ser violenta y, al mismo tiempo, abrir la posibilidad de reconocimiento. Una tecnolog&#237;a puede exponer la intimidad y tambi&#233;n prometer la reparaci&#243;n. Esa ambivalencia es relevante porque impide una lectura moralmente c&#243;moda. Barrag&#225;n no presenta cuerpos monstruosos para que el lector confirme su propia superioridad, sino vidas que buscan persistir cuando la forma humana disponible resulta insuficiente.</p><p>M&#225;s que un simple marco geogr&#225;fico, Am&#233;rica Latina se presenta aqu&#237; como una cr&#237;tica material del sujeto moderno. La promesa del individuo aut&#243;nomo ha sido especialmente fr&#225;gil en territorios marcados por la colonialidad, la extracci&#243;n, la precariedad, la informalidad, la violencia estatal, la migraci&#243;n y la desigualdad urbana. Aqu&#237;, la vida se sostiene mediante redes, remiendos, favores, deudas, parentescos extendidos, trabajos invisibles, econom&#237;as laterales, memorias disputadas e infraestructuras incompletas. Esta tematizaci&#243;n dialoga con una larga tradici&#243;n filos&#243;fica y literaria latinoamericana que ha problematizado la idea del sujeto y de la autonom&#237;a. Desde Jos&#233; Mart&#237; y su llamado a una identidad mestiza y plural, hasta la cr&#237;tica de la colonialidad del ser propuesta por An&#237;bal Quijano y la mirada de escritores como Gabriel Garc&#237;a M&#225;rquez o Clarice Lispector, la literatura y el pensamiento de la regi&#243;n han insistido en la experiencia de lo mestizo, lo h&#237;brido y lo relacional como rasgos constitutivos de la subjetividad. El sujeto moderno fue presentado como universal, pero esa universalidad ocultaba condiciones hist&#243;ricas muy espec&#237;ficas. En muchos contextos, sobrevivir nunca se pareci&#243; a la autonom&#237;a, sino m&#225;s bien a la interdependencia forzada, al arreglo, a la adaptaci&#243;n y al cuerpo que se expone y resiste all&#237; donde el sistema no llega.</p><p>Barrag&#225;n lleva esa condici&#243;n al extremo. En sus relatos, los cuerpos pueden convertirse en transporte, archivo, alimento, m&#225;quina, recipiente, pr&#243;tesis, mercanc&#237;a o comunidad. La imaginaci&#243;n biol&#243;gica del libro est&#225; inseparablemente ligada a una imaginaci&#243;n pol&#237;tica. Interroga qu&#233; sucede cuando las soluciones t&#233;cnicas recaen sobre cuerpos vulnerables, qu&#233; memorias se vuelven comerciables, qui&#233;n consume experiencias y qui&#233;n las produce a costa de su propio deterioro, qu&#233; vidas son obligadas a convertirse en infraestructura para que otras sostengan la ficci&#243;n de la independencia.</p><p>El sujeto moderno nunca existi&#243; porque siempre requiri&#243; negar las dependencias que lo hac&#237;an posible. Necesit&#243; negar el trabajo de cuidado, la explotaci&#243;n colonial, la vida bacteriana, la fragilidad corporal, la memoria colectiva, la t&#233;cnica, la lengua heredada, la vulnerabilidad. Necesit&#243; imaginarse limpio para no ver aquello que lo sosten&#237;a. <em><span>Par&#225;sitos perfectos</span></em> ensucia esa imagen: la vuelven org&#225;nica, pegajosa, mezclada, inc&#243;moda.</p><p>Desde mi lectura, la pregunta final del libro no es c&#243;mo conservar lo humano frente al par&#225;sito, pues esa formulaci&#243;n a&#250;n presupone que lo humano era una unidad previa amenazada desde el exterior. La cuesti&#243;n m&#225;s exigente es: &#191;qu&#233; formas de relaci&#243;n permiten que una vida compuesta siga siendo digna? &#191;Qu&#233; dependencias generan comunidad y cu&#225;les generan saqueo? &#191;Qu&#233; mezclas ampl&#237;an la existencia y cu&#225;les reducen a alguien a un instrumento? &#191;Qu&#233; memorias pueden compartirse sin convertirse en mercanc&#237;a? &#191;Qu&#233; cuerpos pueden transformarse sin perder su reconocimiento?</p><p>Pensar de este modo transforma el lugar del par&#225;sito. Ya no es solo la figura de una invasi&#243;n, sino tambi&#233;n una prueba de nuestras teor&#237;as sobre el yo. Obliga a reconocer que somos menos propietarios de nosotros mismos de lo que quisi&#233;ramos. Somos cuerpo, pero un cuerpo abierto; somos memoria, pero una memoria intervenida por otros; somos relaciones, pero relaciones atravesadas por el poder; somos lenguaje, pero un lenguaje recibido; somos t&#233;cnica, historia, deseo, organismo y resto.</p><p>La dignidad no puede depender ni de la pureza ni de la autosuficiencia. Deber&#237;a depender de otra cosa: de la posibilidad de seguir siendo reconocido como alguien, incluso cuando resulta evidente que nadie es uno solo. Esta redefinici&#243;n de la dignidad conlleva profundas consecuencias &#233;ticas: nos exige revisar el modo en que concebimos la inclusi&#243;n, la justicia y la responsabilidad colectiva. Si reconocemos que toda vida es relacional y dependiente, resulta necesario pensar en nuevas formas de cuidado que no penalicen la vulnerabilidad ni la diferencia. La pregunta &#233;tica se desplaza hacia c&#243;mo construir comunidades capaces de acoger la multiplicidad y la transformaci&#243;n sin convertir la alteridad en un motivo de exclusi&#243;n. En &#250;ltima instancia, aceptar la condici&#243;n compuesta de lo humano implica cuestionar los criterios con los que otorgamos o negamos reconocimiento, y abre el debate sobre qu&#233; significa vivir juntos y qu&#233; obligaciones tenemos respecto a quienes difieren de la norma.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Insectos, parásitos y nuevas formas de vivir juntos]]></title><description><![CDATA[Antes de abrir la primera p&#225;gina de Par&#225;sitos perfectos]]></description><link>https://www.traficantedeideas.club/p/insectos-parasitos-y-nuevas-formas</link><guid isPermaLink="false">https://www.traficantedeideas.club/p/insectos-parasitos-y-nuevas-formas</guid><dc:creator><![CDATA[Fernanda Rocha]]></dc:creator><pubDate>Sat, 06 Jun 2026 01:27:09 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/8b130c39-74f4-4a73-a31d-d1359aa29656_1200x630.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Bienvenidos a la primera carta de nuestra comunidad de lectores. Cada dos meses leemos juntos un libro. Este bimestre es <em>Par&#225;sitos perfectos</em>, de Luis Carlos Barrag&#225;n, editado por Vestigio en 2021 y reeditado en 2024 por Caja Negra. Antes de comenzar, comparto algunas claves de lectura. No busco resumir ni decir c&#243;mo leer. <strong>Consideren estas claves como un mapa</strong> para entender mejor por qu&#233; elegimos este libro, qu&#233; preguntas llevar al leerlo y desde d&#243;nde propongo abordarlo.</p><p>Empiezo con quien escribe. Barrag&#225;n naci&#243; en Bogot&#225; en 1988 y estudi&#243; artes pl&#225;sticas. Antes de este libro, public&#243; dos novelas: Vagabundo Bogot&#225; (2011), nominada al Premio R&#243;mulo Gallegos, y El gusano (2018). Conviene saber que &#233;l tambi&#233;n ilustra lo que escribe. <em>Par&#225;sitos perfectos</em> incluye sus ilustraciones, numeradas bajo el t&#237;tulo como si fueran registros de patentes o planos de aparatos imposibles. Cuando lleguen a una ilustraci&#243;n, les sugiero que se detengan. Esta forma parte del texto tanto como las palabras.</p><p>Hay algo m&#225;s sobre Barrag&#225;n que vale la pena saber antes de entrar al libro. En un taller que dio en Buenos Aires, en lugar de hablar de teor&#237;a literaria, arranc&#243; mostrando fotos de una granadilla, una flor de maracuy&#225;, un br&#243;coli romanesco y un mineral llamado bismuto. Lo que le interesaba era el misterio que hay en sus formas. Eso dice mucho sobre de d&#243;nde sale su escritura. Cuando Barrag&#225;n escribe sobre insectos, par&#225;sitos y metamorfosis, est&#225; trabajando desde una fascinaci&#243;n genuina por la biolog&#237;a, por las formas que la naturaleza produce y que ya son, por s&#237; mismas, m&#225;s extra&#241;as que cualquier ficci&#243;n.</p><p>Ahora bien, quiero detenerme un momento para explorar un poco el origen de este libro. Muchos crecimos asociando la ciencia ficci&#243;n con el norte, con naves y robots traducidos del ingl&#233;s. Por eso cuesta recordar que Am&#233;rica Latina lleva m&#225;s de un siglo cultivando el g&#233;nero y, adem&#225;s, lo ha hecho desde una posici&#243;n particular: aqu&#237;, el futuro suele llegar tarde, roto o decidido en otra parte. As&#237;, la ciencia ficci&#243;n de la regi&#243;n aprendi&#243; a escribir desde ese lugar. La pregunta que la mueve rara vez es si la m&#225;quina nos salvar&#225; o nos destruir&#225;; m&#225;s bien, se trata de qui&#233;n paga las cuentas del progreso, qu&#233; cuerpos quedan fuera, qu&#233; ocurre cuando una tecnolog&#237;a pensada en otros lugares aterriza ac&#225;. Con esas preguntas, la regi&#243;n ha hablado de sus dictaduras, de la desigualdad, del extractivismo y de las migraciones. Todo eso respira en <em>Par&#225;sitos perfectos</em>.</p><p>Barrag&#225;n lo plantea de manera muy clara. Dice que la modernidad que nos prometieron qued&#243; cancelada. El futuro optimista de la ciencia y la tecnolog&#237;a, el de los carros voladores y las casas automatizadas, nunca se cumpli&#243;. Lo que vino en su lugar fue un tecnocapitalismo que destruye todo. Frente a eso, la ciencia ficci&#243;n que le interesa a Barrag&#225;n ya no se pregunta por c&#243;mo ser&#225; el futuro, sino por c&#243;mo buscar sentido en medio del caos. Y lo hace desde lo raro, lo que se transforma al contacto con otra cosa, lo que ya no es enteramente humano. <em>Par&#225;sitos perfectos</em> es exactamente eso.</p><p>Pienso en una antolog&#237;a que sali&#243; en 2021, compilada por el colombiano Rodrigo Bastidas, con un t&#237;tulo que me parece afortunado: <em><a href="https://proassetspdlcom.cdnstatics2.com/usuaris/libros_contenido/arxius/50/49312_El_tercer_mundo_despues_del_sol.pdf">El tercer mundo despu&#233;s del sol</a></em>. La idea que la sostiene es que Am&#233;rica Latina no espera turno para volverse moderna. Ya es un lugar donde los saberes antiguos, la ciencia, el realismo y la fantas&#237;a conviven sin un orden jer&#225;rquico. En esa antolog&#237;a apareci&#243;, de hecho, una versi&#243;n temprana de uno de los cuentos que van a leer. Menciono esto porque ilustra un punto sobre Barrag&#225;n, cuando &#233;l escribe sobre insectos y par&#225;sitos, no est&#225; reciclando un molde importado, sino que est&#225; pensando en su pa&#237;s con las herramientas del g&#233;nero.</p><p>Colombia tiene aqu&#237; un papel que quiz&#225; no esperan. En los &#250;ltimos a&#241;os se convirti&#243; en uno de los lugares donde la ciencia ficci&#243;n latinoamericana late con m&#225;s fuerza. Esto se debe, en buena medida, a editoriales peque&#241;as que se atrevieron a publicar lo que las grandes dejaban pasar. Por ejemplo, una de las que publican este libro, Vestigio, naci&#243; en Bogot&#225; con esa apuesta. Esta editorial recupera una tradici&#243;n que en el pa&#237;s hab&#237;a quedado arrinconada, vista con algo de desd&#233;n. Ahora la lleva a territorios nuevos: lo bizarro, lo extra&#241;o, la ficci&#243;n especulativa. Alrededor de la editorial creci&#243; una camada de escritores que se leen entre s&#237; y se empujan mutuamente. As&#237;, cuando leen a Barrag&#225;n, tambi&#233;n se asoman a esa escena. Es una conversaci&#243;n din&#225;mica que ocurre ahora y que, por su cercan&#237;a, nos interpela.</p><p>El libro es un conjunto de cuentos, no una novela. Eso cambia c&#243;mo se lee. Pueden tomarlos de a uno, dejar reposar cada historia, volver. Aun as&#237;, algo los enhebra y quiz&#225;s conviene saberlo. Casi todos los protagonistas comparten la misma situaci&#243;n de partida: est&#225;n al margen. Son migrantes, ancianos, personas despreciadas por su cuerpo. Es gente que la sociedad dej&#243; de mirar. A casi todos les ocurre una transformaci&#243;n. Se fusionan con un insecto, una m&#225;quina, un par&#225;sito o con otra identidad humana. Les sugiero que no lean esas metamorfosis solo como horror. En este libro, contagiarse no siempre da miedo. A veces se desea. Ah&#237; est&#225;, creo, el coraz&#243;n de las historias.</p><p>Y hay algo m&#225;s que conecta a todos estos personajes. A pesar de sus monstruosas transformaciones, todos buscan lo mismo: volver a ser reconocidos como personas. La migrante convertida en oruga-metro quiere que su amante la siga viendo. La profesora, fusionada con un carro-insecto, encuentra por primera vez un grupo en el que su apariencia no importa. El cocinero viejo, dentro de un exoesqueleto de cucaracha, descubre una comunidad que lo valora. La palabra &#8220;persona&#8221; proviene del teatro antiguo y designaba la m&#225;scara que permit&#237;a que la voz del actor se escuchara. En este libro, las simbiosis parasitarias funcionan de manera similar: le dan voz y visibilidad a quienes la sociedad hab&#237;a silenciado.</p><p>Tambi&#233;n considero que vale la pena detenerse en el t&#237;tulo. La palabra par&#225;sito carga con siglos de connotaci&#243;n negativa: es quien vive a costa de otro, quien no aporta, el indeseable. Sin embargo, Barrag&#225;n toma esa palabra y le da la vuelta. Para lograrlo, se apoya en una idea biol&#243;gica concreta que conviene tener a mano mientras leen. Esta idea surge a comienzos del siglo XX y, posteriormente, con m&#225;s fuerza, en los a&#241;os sesenta, cuando la bi&#243;loga Lynn Margulis propuso que las c&#233;lulas con n&#250;cleo, de las que estamos hechos, evolucionaron porque otras c&#233;lulas m&#225;s simples se metieron dentro y se quedaron a vivir. As&#237;, seg&#250;n esa idea, la vida compleja surgi&#243; de una alianza entre especies que aprendieron a habitarse mutuamente. El libro arranca con tres ep&#237;grafes que enmarcan esta tensi&#243;n: el primero es de Darwin y la selecci&#243;n natural; el segundo, de Kropotkin, el anarquista ruso que escribi&#243; sobre el apoyo mutuo entre las especies; y el tercero proviene de un manual de parasitolog&#237;a que, en pocas palabras, sostiene que la idea de que podemos vivir solos es falsa. Entre esos tres polos se mueve todo lo dem&#225;s. L&#233;anlos despacio antes de entrar al primer cuento.</p><p>Por otro lado, me gustar&#237;a mencionar que hay una pensadora que recorre este libro sin ser nombrada expl&#237;citamente. Platicarles un poco sobre ella puede servirles de br&#250;jula. Donna Haraway, fil&#243;sofa de la ciencia, escribi&#243; que nada se hace a s&#237; mismo; todo se hace con otros. Usa una palabra para eso: simpoiesis, hacer-con. Para explicarlo, Haraway propone pensar las comunidades como un mont&#243;n de composta: esa pila donde todo se mezcla y se descompone, y de ah&#237; sale vida nueva. Frente a las sociedades humanas que se organizan separando lo limpio de lo contaminado, lo familiar de lo extra&#241;o, lo propio de lo invasor, Haraway imagina comunidades armadas precisamente en las zonas de contacto, en las fronteras, donde las especies se enredan. No hace falta que lean a Haraway para entrar al libro. Sin embargo, si llevan esa idea, las transformaciones de los personajes empiezan a leerse de manera distinta: ya no parecen castigos ni repulsivos, sino como entradas a una nueva comunidad.</p><p>Por &#250;ltimo, d&#233;jenme sugerirles, sin dar spoilers, en qu&#233; fijarse en algunos cuentos. El primer cuento del libro, &#8220;No es un metro, pero es algo&#8221;, transcurre en una Bogot&#225; dividida en sectores numerados tras una cat&#225;strofe, aunque el texto nunca llega a nombrarla por completo. Despu&#233;s, el sistema de transporte p&#250;blico est&#225; a cargo de unas orugas gigantes y aqu&#237; quienes se convierten en esas orugas son justamente los desplazados y los migrantes. F&#237;jense en la transici&#243;n de la protagonista: c&#243;mo insiste en ser &#250;til y en aportar su granito de arena. Esa frase dice mucho sobre qu&#233; clase de dignidad le ofrece y qu&#233; le niega su nueva forma.</p><p>En &#8220;Carretera negra&#8221;, una profesora maltratada por sus alumnos y por su cuerpo se fusiona con un autom&#243;vil, un escarabajo. El tema es el deseo y el poder. La pregunta es: &#191;qu&#233; hace alguien cuando, al fin, encuentra un sitio donde su apariencia no importa? &#8220;&#201;xodo X&#8221; toma otro rumbo. Un estadounidense comienza a transformarse, de un d&#237;a para otro, en un colombiano negro y debe migrar a otro pa&#237;s. Quiz&#225; sea el cuento en el que la cr&#237;tica al racismo y a las fronteras es m&#225;s evidente. Adem&#225;s, tiene un humor seco que no conviene pasar por alto.</p><p>El cuento que da t&#237;tulo al libro, &#8220;Par&#225;sitos perfectos&#8221;, lleva la simbiosis al extremo. Los &#8220;bios&#8221; son personas que se funden con par&#225;sitos y ofrecen su cuerpo a otras especies. El narrador, estudiante de biolog&#237;a, se enamora de uno y queda dividido entre asco y fascinaci&#243;n. Si debiera elegir un cuento para entender el sentido del libro, ser&#237;a este. &#8220;Cucarato&#241;o&#8221; cierra el arco con un cocinero viejo a quien el Estado ofrece un exoesqueleto: el de una cucaracha, el animal que siempre odi&#243;, como soluci&#243;n al problema de las pensiones. Lean ese cuento pensando en qu&#233; significa volver a pertenecer cuando ya nadie te necesita.</p><p>Para completar el panorama tem&#225;tico, no todo el libro trata sobre comunidades. Hay un grupo de cuentos que mira hacia adentro, hacia el trauma y la memoria de una sola persona. En &#8220;Simbiosis&#8221;, alguien busca recuperar recuerdos que una droga le borr&#243;. En &#8220;Cent&#237;pode Azul&#8221;, un par&#225;sito sirve para editar la memoria. En &#8220;T&#250;neles&#8221;, el narrador intenta recuperar a una pareja que desapareci&#243;. Menciono estos porque ofrecen otra puerta de entrada. Si las comunidades parasitarias les resultan demasiado extra&#241;as al principio, quiz&#225; estos cuentos m&#225;s &#237;ntimos sean un mejor punto de partida.</p><p>Una &#250;ltima cosa antes de soltarles en el libro. Hay una etiqueta asociada a esta obra: <em><a href="https://www.gaceta.unam.mx/el-new-weird-latinoamericano-cuestionamiento-a-la-realidad/">New Weird</a></em>. Es un r&#243;tulo que proviene del mundo anglosaj&#243;n y que, en teor&#237;a, describe ficciones en las que se cruzan el horror, la ciencia ficci&#243;n y la fantas&#237;a, sin pertenecer del todo a ninguna de ellas. El propio Barrag&#225;n ha contado que, cuando empez&#243; a publicar, alguien le dijo que lo que escrib&#237;a era <em>New Weird</em> y que &#233;l no sab&#237;a qu&#233; significaba. Le parece ir&#243;nico que lo clasifiquen en una categor&#237;a que ni sus propios defensores logran definir con precisi&#243;n. La acad&#233;mica Claire Mercier, que ha estudiado su obra en detalle, tambi&#233;n cuestiona la utilidad del t&#233;rmino. Barrag&#225;n prefiere pensarlo de otra manera: como algo emparentado con lo <em>queer</em>, una categor&#237;a que existe para no tener que encajar en las categor&#237;as existentes. Si entran al libro para confirmar la etiqueta, se van a perder lo m&#225;s interesante. Lo que Barrag&#225;n hace es tomar el miedo al contagio y a la mezcla que define al g&#233;nero y convertirlo en deseo, en pertenencia, en una forma distinta de imaginar c&#243;mo vivir juntos.</p><p>Eso es todo por ahora. Lean a su ritmo. Det&#233;nganse en las ilustraciones. Vayan anotando d&#243;nde sienten repulsi&#243;n y d&#243;nde, en cambio, sienten algo parecido a la ternura. Anoten tambi&#233;n las preguntas que les vayan surgiendo y todo aquello que les interese, les llame la atenci&#243;n o simplemente quieran problematizar. Cuando nos juntemos de nuevo a conversar, esos ser&#225;n los lugares interesantes a explorar.</p><p>&#161;Nos vemos en el futuro!</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[¿Puedes guardar un secreto?]]></title><description><![CDATA[S&#237; de nuevo, pero presiento que &#233;sta es la definitiva]]></description><link>https://www.traficantedeideas.club/p/puedes-guardar-un-secreto</link><guid isPermaLink="false">https://www.traficantedeideas.club/p/puedes-guardar-un-secreto</guid><dc:creator><![CDATA[Fernanda Rocha]]></dc:creator><pubDate>Fri, 08 May 2026 13:19:55 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/89e0075e-29d0-4c51-9a6b-17ddecc6d062_1200x630.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Este proyecto lleva tiempo cambiando de forma. Ha tenido otros formatos, otros alcances. Hoy a la distancia puedo comprender que en el fondo, cada versi&#243;n giraba alrededor de lo mismo: la necesidad de leer con m&#225;s calma, pensar con m&#225;s rigor y conversar sobre lo que nos inquieta del presente y de los posibles futuros. De ah&#237; nace esta nueva versi&#243;n de Traficante de ideas, despu&#233;s de casi un a&#241;o sin escribir.</p><p>Traficante de ideas ahora es un laboratorio de lectura para imaginar otros futuros.</p><p>Le llamo laboratorio porque la intenci&#243;n no es acumular libros le&#237;dos ni producir rese&#241;as para el algoritmo. Lo que me interesa es crear un espacio donde las ideas que encontramos en la filosof&#237;a, las humanidades, las ciencias sociales y la ciencia ficci&#243;n latinoamericana puedan trabajar. Donde podamos detenernos en un argumento, formularnos preguntas inc&#243;modas y usar la lectura como una herramienta para pensar el mundo en el que vivimos y los mundos que podr&#237;amos habitar.</p><p>Vengo de la prospectiva y los estudios de futuros. Los &#250;ltimos a&#241;os he ido incorporando la filosof&#237;a a mi pr&#225;ctica, y eso ha transformado la manera en que entiendo mi propio trabajo. Los futuros posibles no se construyen solamente con metodolog&#237;as y escenarios. Tambi&#233;n se construyen leyendo con atenci&#243;n, discutiendo con otras personas y dejando que ciertas ideas modifiquen nuestras formas de mirar. Este laboratorio es el lugar donde convergen esas dos b&#250;squedas.</p><h2><strong>C&#243;mo funciona</strong></h2><p>Cada ciclo dura dos meses y se organiza alrededor de un libro. En el primer mes abrimos la lectura: contexto del autor y la obra, claves de entrada al texto, preguntas que orienten una lectura activa. En el segundo mes cerramos el ciclo con una conversaci&#243;n m&#225;s profunda sobre lo que el libro pone a trabajar en nosotros, lo que cuestiona, lo que abre.</p><h2><strong>Dos formas de participar</strong></h2><h3>Membres&#237;a gratuita</h3><p><strong>Traficantes curiosos</strong> que quieren seguir el proyecto a su ritmo. Incluye comunidad privada, una newsletter mensual con notas de lectura, rese&#241;as, recomendaciones y las preguntas que vamos abriendo en cada ciclo. Tambi&#233;n recibir&#225;s noticias sobre pr&#243;ximos libros, talleres, conversaciones y alianzas con librer&#237;as.</p><h3>Membres&#237;a de laboratorio &#183; $199 MXN/mes</h3><p><strong>Traficantes conspiradores</strong> que quieren leer en compa&#241;&#237;a y participar en la conversaci&#243;n. Incluye una sesi&#243;n mensual en vivo (los primeros viernes de cada mes, de 6:00 a 7:30 pm hora de M&#233;xico), materiales de lectura, comunidad privada, archivo completo del ciclo y beneficios con librer&#237;as aliadas.</p><h2><strong>Primer ciclo: junio&#8211;julio 2026</strong></h2><p>Empezamos con Par&#225;sitos perfectos de Luis Carlos Barrag&#225;n Castro, un libro de cuentos de <em>biopunk</em> colombiano que explora la relaci&#243;n simbi&#243;tica entre cuerpos humanos, m&#225;quinas y lo viviente. Barrag&#225;n construye mundos donde lo que consideramos normal muta en mecanismos bioartificiales, futuros tecnocham&#225;nicos y subculturas que buscan la perfecci&#243;n a trav&#233;s del mutualismo. Es ciencia ficci&#243;n latinoamericana que no mira al espacio exterior para encontrar el futuro, sino que lo busca en las transformaciones del propio cuerpo y del tejido social.</p><p>Eleg&#237; este libro para abrir el laboratorio porque condensa varias de las preguntas que nos van a acompa&#241;ar: qu&#233; relaci&#243;n tenemos con la tecnolog&#237;a que nos habita, qu&#233; significa evolucionar cuando los l&#237;mites de lo humano se vuelven porosos, y qu&#233; tipo de futuros puede imaginar la ficci&#243;n cuando se escribe desde Am&#233;rica Latina.</p><h2><strong>Por qu&#233; leer as&#237;</strong></h2><p>Hay algo que la lectura compartida hace y que la lectura solitaria no puede: pone las ideas en fricci&#243;n. Una frase que a ti te pas&#243; desapercibida puede transformar la lectura de alguien m&#225;s. Una pregunta que alguien formula desde su experiencia puede abrir una veta que el texto solo insinuaba. Leer en comunidad no es un ejercicio de socializaci&#243;n, es una forma de multiplicar lo que un libro puede hacer.</p><p>Desde los futuros llevo a&#241;os trabajando con la convicci&#243;n de que imaginar futuros diferentes requiere herramientas diferentes. La filosof&#237;a me ha dado algunas. La ciencia ficci&#243;n, otras. La conversaci&#243;n pausada y rigurosa con otras personas que leen, tambi&#233;n. En este laboratorio, esas herramientas se encuentran.</p><p>Si te interesa, por ahora lo que puedes hacer es <strong><a href="https://nas.com/traficante-de-ideas">registrarte a la comunidad</a></strong> para ir teniendo acceso a nuestro grupo privado de WhatsApp.</p><p><strong>Nos vemos en el futuro.</strong></p><p></p>]]></content:encoded></item></channel></rss>